Fanfic Dentro del Laberinto. Capítulo 22


22. EL REY ABANDONA

–¿Sabes que hay un idioma en mi reino donde tu nombre significa princesa?... No, supongo que no lo sabes. Lo cierto es que no he sido el perfecto anfitrión. Normalmente uno no recibe a alguien como tú y la encierra en un castillo. Quizá hubieras sido más feliz de haberte llevado a conocer mi mundo. Puede que así nunca te hubieras planteado saltar. Tengo ganas de saber qué hiciste después, cómo llegaste a estar tan calla y pálida. ¿Fue durante la caída? ¿Te ocurrió luego? ¿Cómo acabaste en el castillo de ese bastardo? ¿Qué te hizo, Sarah?

El doctor goblin le animó a no perjudicar el descanso de la enferma. Según él, tras finalizar la inspección ocular de la paciente, las picaduras que mostraba en el brazo eran cosa de un leárice. Le explicó que estas criaturas formaban parte de la familia de los alenssa, unos seres que llevaban viviendo en los lagos del reino más tiempo que cualquier otro ser del laberinto. Según la leyenda, mientras la vida comenzaba a formarse fuera del agua, los leárices permanecían atrapados en ella, y envenenados de rabia, habían formulado una ponzoña tan letal en sus entrañas que al propio médico le sorprendía que la chica siguiera con vida.

–…Y así siguen hasta hoy, majestad –concluyó el médico.
–¿Cuál es la cura contra la picadura del leárice?

Entonces el goblin carraspeó volviéndose hacia la puerta, como si fuera aquella la única garantía de su supervivencia. Hubiera dado sus dos dedos derechos y también el izquierdo por escapar de la habitación.

–Lamentablemente majestad, nunca se ha sabido. La picadura de un leónice es tan letal que las víctimas no suelen llegar a salir del agua.
–¿Cómo salió ella entonces?
–Seguro que no lo hizo por su propio pie –el médico inmerso en sus cavilaciones, no llegó a observar el rostro de Jareth contraído por la rabia, consciente de que fue Morgan quien la sacó del agua, al tiempo que reparaba en que fue quien le permitió entrar en el lago. ¿O quizá la encontraría de casualidad flotando tras dar el salto desde el castillo. No, no era posible. Odiaba a Morgan con todas sus fuerzas, odiaba incluso cualquier cosa que tuviera que ver con él y con el pensamiento de que debía agradecerle la vida de Sarah, su aliento.

Morgan iba a seguir respirando hasta que ella se despertara, pero después pagaría por lo que hizo, robársela y guardarla, aunque estuviera salvándola de las mismas garras de la muerte.
No quiso pensar más, tampoco permanecer junto al goblin, al que escuchaba como orando una extraña plegaria. Volvió junto a la cama donde aguardaba la dama pálida, envuelta en sedas que no dañaran más su cuerpo.

–¿De qué sirvió? ¿Por qué escapaste? ¿Valió la pena abandonarme, Sarah? –Jareth sintió como un lágrima resbalaba acariciando su pupila azul –. Te lo di todo, todo… Quise ser cuanto deseaste que fuera. En ocasiones lo hice contra mi voluntad, y sin embargo te marchaste. La ceremonia no había terminado, y pese a todo preferiste saltar al vacío antes que permanecer a mi lado… Hubiera cumplido tus sueños, todos. Todo cuanto desearas al alcance de tu mano. Sólo te pedí que me temieras y me amaras, entonces yo sería… –El rostro de Jareth se contrajo en una sonrisa –. Te pedía tan poco… ¿Sabes qué es lo peor de todo? –Preguntó tomando asiento a su lado –. Que tengo miedo a que quieras irte de nuevo, esta vez para siempre, a un lugar al que no podré seguirte, antes que permanecer junto a mí. Por eso, Sarah, si te despiertas, te dejaré marchar. Podrás volver a tu mundo, con tu familia, tener a tu hermano en brazos y jugar despreocupada, como hacías antes. Si lo deseas, borraré de tu memoria lo ocurrido en estos meses, desapareceré de tu vida junto a mi laberinto. Haré lo que ordenes, pero por favor, princesa, despiértate.

Sarah vivía en un torbellino de pesadillas y alucinaciones. A cada momento sentía su cabeza a punto de estallar. Creía tener sangre encharcándole los oídos, resbalando por su garganta seca. Sufría tanto que a cada vez que sus sienes le amenazaban con explosionar se imaginaba como una masa viscosa de cuerpo sin cabeza. Estaba tentada de dejarse ir, de ceder a la presión y despedirse de cuanto había conocido en favor de una existencia mejor, indolora. Pero entonces, en aquellos momentos, le llegaba una voz capaz de alejar el sufrimiento.

–…si te despiertas, te dejaré marchar. Podrás volver a tu mundo, con tu familia, tener a tu hermano en brazos y jugar despreocupada, como hacías antes. Si lo deseas, borraré de tu memoria lo ocurrido en estos meses, desapareceré de tu vida junto a mi laberinto. Haré lo que ordenes, pero por favor, princesa, despiértate.

Jareth se cubría los labios con los dedos mirando un horizonte que le parecía despedazarse según la respiración de Sarah se hacía más liviana.
Pese a lo que le dijo, había tomado la determinación de morir con ella, acompañarla a donde quiera que fuese en su último viaje. No sabía cómo hacerlo, pero sabía perfectamente que sería en esa cama donde su princesa –su esposa de haberse completado el ritual, de haber bajado juntos al salón para beber el vino del fruto azul de labios del otro – permanecía tendida respirando agitadamente presa de los espasmos. ¡Espasmos! En su mano derecha.

–¡Se está moviendo! –Exclamó Jareth esperanzado.

No comprendía qué estaba sucediendo, pero por primera vez en semanas ella daba signos de vida.

Al momento fueron los párpados los que ondulaban como sometidos a corrientes eléctricas. Jareth no sabía qué hacer, pero decidió incorporarla para facilitar su respiración.

–¡Sarah! –Exclamó al verla despegar los labios como si fuera a decir al fin una palabra –. ¡Sarah!

Pero ella volvió a quedarse quieta como una figura de mármol, fría igual que ellas. Su respiración se tornó casi imperceptible, con los labios sellados y los párpados serenos.
Desalentado, el rey de los goblins le besó en la boca, algo que no se había atrevido a hacer durante todo ese tiempo, dejándola descansar después sobre el almohadón.

Iba a ir por la daga, había decidido cómo morir. Se cortaría la piel para reunirse con la princesa en otro castillo, este menos frío, sin goblins. Un lugar donde estuvieran solos y felices para siempre.

Un murmullo le alcanzó en la puerta.

–No.

Jareth pensó que su cordura se había extinguido, deseando tener la daga en las manos. Solamente besaría de nuevo a la princesa antes de la despedida. Después, al fin, todo habría acabado.

–¡No! –Gritó ella con todas sus fuerzas.

Al volverse, Jareth encontró a Sarah sentada y rígida, mirándole con expresión tan fiera como desesperada.


Maripa


¿Qué tal la semana santa, perlas? Por aquí hemos estado liadicas, pero lo hemos pasado bien.
Espero que os mole el capítulo.
Besiiiiis

4 Carminazos:

JudithBeatle dijo...

Baaaa!!!!!! Sarah ya despertó, hurra!!!!!!!!!! =)

Pandora_cc dijo...

Veeeenga la fiesta. Ahora qué? Ardo en deseos nenas!

Anónimo dijo...

Wow sorprendente historia.

Maripa dijo...

JudithBeatle: Sí, que ya le tocaba. Esta niña se pega unas siestas pa quedarse muerta xD

Pandora_cc: Pues va a estar la cosa divertida, sí xDDD

Anónimo: Gracias por venir! Wiiii!!!!